Así es...Kandinsky

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Bajo un exterior de hombre tranquilo, de romántico racional, de reliquia del pasado ilustre, con un aspecto de caballero de la belle époque honorable, se ocultaba una mente muy sensible, propensa al misticismo y a la poesía, que veía el «alma secreta» de todo.
Nació en Moscú, tuvo una educación trilingüe y se convirtió en un hombre que prácticamente no entendía de fronteras nacionales: viajó por todo el mundo y solicitó las nacionalidades rusa, alemana y francesa.
Su sensibilidad, en combinación con elementos contundentes, aunque contradictorios, dieron lugar a algunas de las mejores obras de arte del siglo xx.